4 de julio de 2012

Edades de piedra, edad del petróleo, mayoría de edad



ACTUALIZACIÓN: al parecer, los datos sobre los que se basa el artículo de Monbiot que se menciona abajo están entre exagerados y errados. Por más detalles, ver aquí.

La verdad, a esta altura, no recuerdo mucho de la única clase que tuve alguna vez sobre evolución tecnológica; pero sí recuerdo un comentario sobre los períodos Olduvayense, Achelense y algún otro de las "edades de piedra" o posteriores: todas las tecnologías eran utilizadas para crear todas las herramientas posibles. Nuevas tecnologías (como golpear la piedra de una manera distinta) llevaban a algunos nuevos usos, pero sobre todo a cubrir los usos antiguos, y no siempre porque fueran demostradamente mejores. Tal vez por la manera en que se heredan las pautas culturales, tal vez porque es más práctico, una vez dominada una técnica, utilizarla para todo. Vaya uno a saber. Capaz que ni recuerdo bien el comentario.

A la luz de lo que ha sido la evolución tecnológica posterior, la verdad es que la tendencia parece la misma: adoptamos nuevas tecnologías tan rápido como podemos, las reemplazamos tan rápido como podemos también. No se trata siempre de que una sea mejor que la otra: tratamos de adaptar lo nuevo a todo lo que hacemos. En todo caso, si gana alguna tecnología sobre otra, será la más adaptable.

Pero tal vez eso sea mirar con una lupa demasiado cercana; un defecto común en esta especie. al vez lo correcto sea simplificar  y pensar sólo en materiales: edades de piedra, edad de cobre y / o bronce, edad de hierro. Y luego, edad de las aleaciones y finalmente, edad del petróleo.

Lo que el petróleo ha hecho por nosotros es asombroso. Gracias al petróleo tenemos ropa barata, energía eléctrica domiciliaria de bajo costo y segura, instrumental médico barato y descartable, aparatos de medición e investigación accesibles y confiables y, sobre todo, un grado de comunicación e interconexión nunca antes visto. La historia de la ciencia de los siglos 18 y 19 es entretenida y apasionante, y la favorita de la divulgación por los personajes que pasaron por ella. La historia de la ciencia del siglo 20 es igual o más apasionante, pero mucho más difícil de contar, por lo vertiginosa. Y el petróleo tuvo mucho que ver en esto.

Gracias al petróleo confirmamos, mucho más allá de la imaginación de Darwin, lo emparentados que estamos con todos los seres vivos sobre este planeta. Supimos también que estamos tremendamente emparentados entre nosotros mismos, mucho más que lo que las diferencias de aspecto nos permitieran suponer. Elevamos satélites y aprendimos sobre la dinámica de nuestro planeta; observamos el universo y aprendimos de su historia, de lo pequeños y al mismo tiempo improbables y raros que somos los seres vivos, y los humanos en particular. Y también, como un adolescente que va madurando, descubrimos las cagadas que nos habíamos mandado; descubrimos que había una capa de ozono, que era importante, y que la estábamos destruyendo. Y pudimos, hasta donde sabemos, enmendar nuestro error.

Y ese avance en la ciencia permitió, finalmente, descubrir que con el petróleo estábamos cagando cambiando el futuro del planeta. El calentamiento global antropogénico es una certeza, mal que les pese a los cultores del "de qué calentamiento me hablan, con este frío". Una extensión a nivel global de lo que ya sabíamos que se aplicaba a las sociedades: la tecnología te da, la tecnología te quita. ¿Alabada sea? Ni alabada ni defenestrada. Aquí como en el Olduvayense, la cuestión es utilizarla, y cómo. Y la pregunta: ¿hemos alcanzado realmente la mayoría de edad, o seguimos con los vicios de la infancia? ¿Podemos aminorar el uso de la tecnología del petróleo, o estamos condenados a utilizarla fanáticamente, a no ser que un golpe de suerte nos entregue otra tecnología para reemplazarla?

Hasta este lunes pasado, mi respuesta (más allá del "no sé, ojalá") incluía la afirmación levemente apocalíptica, compartida por economistas, geólogos y ecólogos, de que el petróleo iba a comenzar a escasear de todas maneras; un fenómeno conocido en inglés como "Peak Oil": el pico máximo de extracción, en estos años, y luego el comienzo de la merma. Una merma que había que prever y que alentaba la búsqueda de alternativas al petróleo que, al mismo tiempo, no agregaran gases de efecto invernadero a nuestra vapuleada atmósfera. El lunes, tuve que borrar todas estas previsiones de mi descripción del mundo..

El lunes, George Monbiot publicó un artículo enlazando a un informe de Leonardo Maugeri, en el que se da cuenta del aumento de la producción de petróleo. El desarrollo tecnológico, impulsado a la presión económica del Peak Oil llevó a que hoy día se puedan explotar los yacimientos que -para alegría, imagino, de los comunicadores de las petroleras- llevan el nombre de "no convencionales". Y al parecer, las reservas son enormes. Especialmente, Estados Unidos, el mayor productor de CO2, el país que más a hecho por ponerle paños fríos (o, según como se mire, calientes) a los pactos internacionales acerca del cambio climático, vuelve a tener petróleo en cantidades.


Data from World Bank

Una vez más, la tecnología nos da y la tecnología nos quita. Buenas noticias: el mundo de nuestros hijos no será tan distinto al nuestro. Malas noticias: el mundo de nuestros hijos no será tan distinto al nuestro. La principal causa del calentamiento global ha recobrado el impulso, en un mundo adicto a su consumo. El artículo de Monbiot comienza con una frase clave: los hechos han cambiado, nosotros debemos cambiar.

Y aquí, cada maestrito con su librito: estarán los que insistan con "volver a lo natural", los que quieran abjurar de la era del petróleo como si no existieran sus ventajas; los que se organizarán políticamente; los que echarán la culpa a los países del primer mundo, y todos tendrán algo de razón. Yo, por mi parte, tengo mi librito y, por si no les ha quedado claro cuál es, aquí está.

Necesitamos tener personas formadas en las bases de la ciencia; pero sobre todo del pensamiento científico; no solo en un par de afirmaciones básicas sino en la manera de encarar la información; de preguntar una y otra vez cómo se saben las cosas. Sólo a través de esa actitud podemos interiorizar la información que nos dan, hacerla nuestra y también cuestionarla, en lugar de mamarla pasivamente porque viene de alguien con autoridad; y podemos así valorar lo que se sabe, para tomar decisiones y, cuando los hechos -o lo que sabemos de ellos- cambien, podamos cambiar en consecuencia. Tal vez mañana tengamos nuevos datos sobre el calentamiento global y resulte que la dirección a tomar es otra. Tenemos que ser capaces de escuchar, de repreguntar, de asegurarnos, tanto como los científicos tienen que ser capaces de comunicar.


Usé antes la primera persona plural: supimos de la evolución, conocimos el universo. Me gusta usar ese plural para enfatizar que el conocimiento científico, aunque se origine en un puñado de tipejos, pertenece a la Humanidad. Pero lo cierto es que ese plural es falso. No todos saben, no todos tienen oportunidad de saber; muchos apenas pueden sobrevivir, mientras otros sencillamente no se interesan.


Pero cuanto más personas estén (in)formadas lo mejor posible, mejores decisiones tomarán, aunque más no sea a nivel individual. Y si no mejores, mejor encaminadas, y entre todos la cosa saldrá adelante, como cuando las hormigas tiran de una hoja cada cual para su lado, pero al final la llevan al hormiguero. En estos temas, no espero mucho de los dirigentes por si solos, porque la lógica política del beneficio a corto plazo seguirá siendo un motor importante de sus decisiones. Y sólo una población que entienda bien qué es lo que está en juego podrá apoyar medidas que redunden en contra de su bienestar inmediato. Ojalá podamos (en una verdadera primera plural) mirar hacia atrás y descubrir que hemos alcanzado, como especie, la mayoría de edad.





No, si soy un tipo re-jodón, yo. Tomen, un poco de buena onda.

13 de junio de 2012

El arte, la ciencia y la artesanía de una guitarra

Alguna vez, las fronteras entre ciencia y arte fueron más difusas que ahora. Sobre todo, con esa parte del arte que deriva en la palabra artesano. Incluso en la ciencia moderna, hay más de artesanía de lo que la mayoría imaginamos. Y ni hablar si tu presupuesto es de los que viene como una guinda a un cañon, parafraseando a Estanislao del Campo.*

Esta belleza de video, dirigido por Spiros Rasidakis y Dimitris Ladopoulos, muestra la hechura de una guitarra, y le agrega un toque infográfico. Miren la separación entre los trastes: hay tanto arte como ciencia entre ellos. D'Alembert, Daniel Bernoulli, Euler, Savart, Fourier, Galileo, Hooke y tantos otros físicos y matemáticos han estudiado las relaciones entre el sonido y la vibración de las cuerdas**. No faltará quien diga "ya, pero los luthiers y los músicos lo sabían de antes"; y en parte tendrán razón. Pero (tal vez, a veces, maticen a gusto) la diferencia entre un saber y otro sea la diferencia entre el admirar a una mujer -o por caso, una guitarra-, y el perderse maravillado en cada uno de sus detalles.

Los dejo con el video y, para los que quieran algo de ciencia, con un poco de acústica.




* Che, Internet, te falta una transcripción completa de "A otro can con ese hueso" de don Estanislao. Half a batttery, porfa.
** y de ahí a las olas, las ondas electromagnética y los teléfonos celulares. Ah, claro, con los celulares les cierra todo, utilitaristas.

22 de mayo de 2012

¡Alarmantes similitudes entre mi mente y la mansión Playboy!


"Para entender esto, tenés que tener la mente abierta."
"No creés en nada porque tenés la mente cerrada."

Si uno anda de escéptico por la vida, se expone a escuchar este tipo de cosas, a veces. Una respuesta usual es "es bueno tener la mente abierta, pero no tanto que se te salga el cerebro"; la mía más común, "mi mente está abierta, pero la casa se reserva el derecho de admisión y permanencia".
Pero tras pensarlo demasiado (ya verán, demasiado de verdad), decidí que mi respuesta no es suficiente para explicar porqué desconfío tan rápido de algunas ideas. Por eso, como para que quede claro o confundir definitivamente, he aquí un símil que empezó sensato y se fue al demonio.

Para empezar: mi mente es como una casa. Una mansión lujosa, ya que estamos, total imaginar es gratis. Los sentimientos, los recuerdos, las obsesiones, en fin, todas esas cosas "de uno" son las distintas habitaciones. Es decir: son parte inherente de la cosa, la base arquitectónica. El arquitecto -yo- es un tipo bastante caprichoso.
Dj Poquito extasía a la multitud al ritmo
de Dr. Poroto.
El dueño de casa -yo- se pasea en traje y crocs, atendiendo a sus invitados. La casa está más o menos siempre de fiesta, animada por el DJ residente. Yo, claro.
Una fiesta necesita sus invitados, claro está. El timbre de la casa suena constantemente y un amable aunque inconfundible mayordomo -yo- atiende a cada asistente y lo deja o no pasar. Hay dos tipos de invitados: las ideas y los datos. Porque no es bueno que sean sólo chicas y uno, vio. La idea: tener la fiesta más top posible.
Los aspirantes a invitados quieren hacer la ola y lo hacen mal.
Las ideas son todas chicas beeeeellas, inteligentes como personajes de Woody Allen, arregladas para fiesta y con olorcito a recién bañadas. Al principio, todas tienen un conversación muy interesante, pero la mayoría se vuelven monótonas rápidamente. Los datos son tipos siempre atildados, con cara de serios y pinta de tener mucha plata, pero algunos no tienen ni para el bondi y otros son unos descarados embaucadores.
Una vez adentro de la mansión, las ideas y los datos pueden deambular a gusto y encontrar su habitación favorita, sobre todo las construidas con creencias y aquellas donde se encuentran con conocidos (ideas hermanas, datos afines). Cuando se sienten cómodos, es más difícil sacarlos (sobre todo a las chicas; muchos datos son de irse sin avisar, dejando con suerte una tarjeta para ubicarlos más tarde); por eso el mayordomo tiene que estar muy atento.

Las ideas Clavate Una Pizza de Burgio y
Sandman Debería Ser Una Miniserie, esperando entrar.
Atrás, el dato Record De Almacenamiento de Antimateria (16 minutos y  40 segundos)
Para evitar confusiones y ayudar al mayordomo, en la entrada hay pegado un cartel:
Bienvenido a la mente de Juan Poquito; la casa se reserva el derecho de admisión.
Antes de entrar, por favor tenga en cuenta las siguientes reglas.
  1. Damos preferencia a las parejas. Toda idea que venga acompañada de al menos un dato que la ayude a bajar del auto, será evaluada primero. 
  2. Las ideas que aparezcan solas deambulando por la casa, sin su correspondiente entrada serán llevadas a la puerta y tratadas como las que vienen de afuera. Con un poco más de simpatía, tal vez.
  3. Lamentamos no poder acceder a que entren en grupo. Por atractiva que sea la señorita "Técnica respiratoria que produce beneficios garantizados", entrará separada de su melliza "...porque te pone los chakras en sintonía con Sirio 3".
  4. Estos datos no van a entrar, parece.
  5. Sólo pueden entrar datos de buena familia, acompañados de su partida de nacimiento y CV: ¿de dónde salieron? Toda idea que venga acompañada de datos de origen dudoso será inmediatamente sospechada. Si el dato en cuestión es el señor "Usamos sólo el 10% de nuestro cerebro", nuestro personal se encargará personalmente de dicho individuo y la idea será acompañada hasta la puerta con plata para el bondi.
  6. Damas gratis: las ideas no necesitan presentar credenciales, ni pueden aducir que provienen de una fuente de autoridad. Su mejor carta de invitación son los datos que las acompañen. Sí pueden aducir parentesco lógico con las invitadas que ya han entrado (pero ver regla 9).
  7. No, no, no: parentesco lógico. Decir "Soy una terapia que trata al cuerpo como entidad cuántica, de acuerdo con los últimos avances del CERN" hace que seguridad suelte a los lebreles. Tampoco cuenta aducir antigüedad alguna. 
  8. Sres. datos: si tratan de colarse con su prima Interpretación, sepan que si la descubrimos será atrapada como una idea más. Gracias por su comprensión.
  9. Srtas. ideas: su prima Presunción Previa, no importa lo calladita e inconspicua que sea, debe ser tratada como una idea más, por separado. A la cola.
  10. Se le dará atención preferencial a las ideas que puedan entrar en conflicto con otras invitadas, si no han sido rechazadas por alguno de los requisitos anteriores. Sobre todo porque...
  11. Las señoritas Determinismo y Libre albedrío,
     en una sesuda discusión que lleva ya varios años.
  12. Todo conflicto entre ideas será resuelto por LUCHA EN GELATINA, con dos resultados posibles: derrota ignominiosa de una de las contendientes, que será acompañada a la salida de servicio; o desmembramiento seguido de regeneración, en los que se descubre que lo que parecía una idea eran en realidad varias. Las ideas recién identificadas deberán volver a la puerta y el mayordomo las atenderá. Consejo para principiantes: no te metas con las Leyes de la Física. Y las chicas de la familia Biología no son las niñatas endebles de hace 80 años, te pueden surtir de lo lindo.
Lograda la entrada, como dije, las chicas y chicos pueden deambular a gusto. Algunos, con suerte, lograrán entrar al salón VIP, allí donde se arma lo que, a falta de otro término, llamaré Ideolorgía. Sí, con "r" en el medio. La Ideología es la lista de invidatos al VIP, pero está siempre desactualizada y mal escrita. En la Ideolorgía, ideas y datos se mezclan de manera desordenada, no se entiende muy bien quién está con quien, ni quien hace qué, pero definitivamente todos tienen un objetivo en común.

Eso. Ahora saben en qué estoy pensando mientras guardo silencio en una reunión. Y porqué, cuando voy al baño, se escucha "Everybody dance now!"

Ideas en lucha: Scootie 
Cartel de Abierto: A30_Tsitika
Cola en tsunami: BenJTsunami 
Monjes: Wonderlane 
Chicas en la entrada: M31
Todas via photo pin cc












Ajá. Seguís ahí. Mirá, una muestra de lo que se banca el pobre mayordomo.


16 de mayo de 2012

Pasen y vean: fotos de la FCEN

Laboratorio de química; foto tomada en 1900.
Los armarios me suenan a los del laboratorio de Química inorgánica.
9/9/1918 - Tropas del ejército en un patio de la Universidad Nacional de Córdoba,
luego de desalojar a los estudiantes que la habían ocupado. Tenía alguna pavada que agregar, pero por esta vez la callo.
Cortito: la biblioteca de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales tiene disponible online un coqueto archivo fotográfico, coqueto hasta con botones para facebook y twitter. No es apabullante pero es lindo de ver y de dominio público, que siempre es útil; y hay algunas fotos de momentos históricos, vg "de quilombos varios". Pueden encontrarlo aquí.

9 de mayo de 2012

Ranking innecesariamente largo de bolsas aborrecibles

Es sabido que mi preocupación por el ambiente no va acompañada de una militancia abrumadora. Algo de eso, por supus, debería de cambiar; dicho esto como el que dice "y, unos kilitos tendría que bajar", antes de proceder a bajarse unos kilitos de bondiola.

De todas maneras, como contribución a las causas ambientalistas, hoy quiero rendir homenaje a mi objeto detestable antiambiente número 1: la bolsa.

(Producción, esta parte la quiero decir en medio de un campo bajo un olivo, con polera y saco como Carl Sagan)

La posición bípeda le trajo a la especie humana la fantástica ventaja de poder llevar objetos con facilidad. Pero somos como somos, y no tardaríamos en querer llevar mucho más de lo que nuestros brazos nos permitían, si es que no los teníamos ocupados cargando a la cría. Así nació, en algún momento, la bolsa.*
(Gracias producción, vuelvo al estudio)

Foto: jonathanpercy via photo pin cc
La bolsa, cartera, mochila, alforja, etc.es un invento necesario, incluso imprescindible para explicar el desarrollo de la civilización, junto con la bisagra y el cepillo de dientes. Pero como con todo, nos fuimos al carajo. Las bolsas -y los cepillos de dientes, pero no la noble bisagra- medraron como conejos mutantes, hasta invadir todo el universo conocido, en la particular forma de basura. Ideal para tapar caños, engancharse en las ramas, flotar hasta el gran giro del Pacífico, ahogar animales y vaya uno a saber qué mas, la bolsa es la excrecencia número uno de nuestras actividades cotidianas. Su vida útil es de una cortedad lamentable teniendo en cuenta el número de veces que se usan, y cuanto tiempo, comparados con el tiempo que se necesita para elaborar el material y fabricarlas; ni hablar del tiempo geológico de "producción" del petróleo.

Para contribuir entonces con la causa, he aquí un top ranking de bolsas, en orden creciente de odio personal.

  • Bolsa de tela. Noble en su origen textil y en su material reciclable, la bolsa de tela es una rareza que generalmente obtenemos en algun congreso o negocio recien inaugurado. Viene con unas manijas de unos 25-30 cm de extensión, separadas unos 15 cm de un extremo a otro de la manija. Gracias a este singular diseño, la podés llevar en la mano, bamboleante y, si te da la altura, golpeando contra el piso, o en el hombro, incrustada en el sobaco de manera muy incómoda y antihigiénica. Suelen nacer como transportadoras de libros o material mayormente chato, por lo que no resultan muy adecuadas como bolsas de la compra, que es en lo que terminarán. A la segunda vez que compremos papas, quedarán inmundas, pese a lo cual es muy improbable que las lavemos e igualmente improbable que las volvamos a usar. En todo caso, más culpa nuestra que de la bolsa.
  • Bolsa de tela plástica.  Ídem a la anterior pero más fuerte, sus manijas están hechas con correas vinílicas capaces de cortar un jamón crudo y ni hablar de tu hombro. Podrían durarnos años, pero la costura de la citada correa vinílica se descose justo cuando estamos cruzando la calle al volver de la verdulería. Una vez descosida, nos da cosa tirarla de lo buena que es, pero no la coseremos. Terminará junto con sus congéneres de tela en el lavadero o cuarto similar.
  • Bolsa transparente de verdulería. Sí, la transparente sin manija. Esas que se usan para embolsar por un lado las papas y por otro las cebollas, que luego tiraremos sin ceremonia en un cajón común. Esas que separan las frutas unas de otras, con destino idéntico. Esas que son atadas con un nudo que sólo se desarma con la técnica de Alejandro Magno: rompiendo la bolsa. Esas que acaban con cualquier intención ambientalista que hayamos tenido llevando la bolsa de tela. Los supermercados la justifican por el tema de etiquetar tu compra. Pero le pregunto, señor verdulero: ¿para qué, para qué, PARA QUÉ CUERNOS SEPARA TODO EN BOLSAS? Embolsar las papas, sea, pero ¿de qué se contagian las mandarinas si las pongo junto al perejil, eh?
  • Bolsa "bebedero de caballos". Falta una hora para ir al cumpleaños de tu amiga/novia/madre/abuela, y decidís que este año será un cosmético (bah, es el negocio que estaba en la cuadra). Entrás a un lugar todo blanco con estantes de vidrio y prolijos potitos alineados. Te decidís por no hipotecar tu casa en las cremas rejuvenecedoras, esplendecedoras y furfifilifidoras, con extractos de plantas y animales exóticos, y le entregás a la vendedora un pomo de gel transparente que, sospechás, contiene agua con gel y perfumito. Cuando terminás de pagar vas al mostrador y la vendedora te entrega un Objeto. El Objeto es desproporcionadamente grande para lo que compraste. El Objeto tiene papel de seda, o viruta de madera, o ambas cosas, protruyendo generosamente en todas direcciones. El Objeto es, además, liviano, para desconcierto de tu sistema nervioso, que no sabrá qué hacer con él. El Objeto, claro está, es una bolsa. Pero no cualquiera: la bolsa "bebedero de caballos" es de cartulina gruesa, plastificada, y con manijas de tela pasadas por agujeros de la bolsa y anudadas. Es un ejemplo de ingeniería de la rotura: se puede escurrir el nudo por el agujerito, se puede romper la cartulina, se puede doblar perdiendo toda estructura... es genial. Pero esto es común a todas las bolsas de lugar chetongo. Lo que caracteriza a la bolsa "bebedero de caballos" es su forma, más alargada que alta, que la hará absolutamente INÚTIL para cualquier uso práctico, como no sea encajársela a un conocido en el próximo asado, con un taper de ensalada. Los libros se caerán, los objetos pequeños harán trampolín de un lado a otro hasta eyectarse. Ah, pero qué linda que es; no vayamos a tirarla. Diseñadores industriales: la bolsa "bebedero" es una mancha en vuestro honor. Eliminadla.
  • Bolsa de delivery de supermercado. Comparado con ir al supermercado, pedir a domicilio implica menos bolsas. Pero las que sí nos llegan... qué maravilla. Con un formato casi idéntico a la "bebedero", la utilidad de la bolsa de delivery es cubrir el canasto y permitir que los muchachos se vayan tan rápido como puedan de nuestras casas. Y uno se queda con unas bolsas de un tamaño descomunal, que sólo se pueden cerrar atadas de formas exóticas, aptas tal vez, si se juntan suficientes para rellenar un futón. Supermarkets: si utilizaran bolsas de tela tamaño canasto, prometo que las devolvería cada vez. En serio. Por si no se dan cuenta, no quiero ni una sola bolsa más. Dale, Cotarrefour, media pila.
  • La obvia: bolsa de supermercado. Otra ma-ra-vi-lla de la tecnología. Finita finita finiiiiiiiiita como para gastar menos plástico... así que hay que utilizarlas de a dos o tres en cuanto el contenido supera el medio kilo, revirtiendo el ahorro. Por si acaso, toooooodo va tan separado como sea posible... y eso que nada carece de su propio paquete. En el trayecto a casa, las manijas se estiran hasta alcanzar un grosor de hilo dental, ideal para clavarse en tu mano hasta sentir que estás en una remake de Hellraiser. Ok, estoy en falta, puedo ir con changuito, ya lo sé. Consíganme un changuito mellizo para la compra del mes, porfi. De todas formas, esta bolsa es la estrella en cuanto a versatilidad, y resulta bastante útil como bolsa de basura.
  • La bolsa de cortesía. ¿Qué nos pasa a los argentinos porteños? ¿Estamos locos? No podés comprar una golosina sin que te den bolsas, de la misma horrenda calidad que las de supermercado, aunque seguramente no degradables. En serio, no pasa con un chocolatín, pero un paquete de galletitas ya viene con su bolsa. La rechazo una y otra vez, pero más de uno me dice "pero no, es sólo una bolsita" y me la encaja, y yo, de puro pusilánime, acepto. A veces saco mi compra de la bolsa y la dejo en el mostrador, pero tengo la incómoda certeza de que ya pasó a ser basura. Amigo, amiga: just say no. Propóntelo, propónselo. Mostrale que tenés una cartera, mochila, bolsillo o pulgar oponible. 
  •  And the winner is... la bolsita de farmacia. ¡AAAAAAAARRRRRRRRRGGH! ¡Qué odio que me da! Aquí no hay cobardía que valga: indefectiblemente les dejo en el mostrador esta porquería, este adefesio, esta quintaesencia de la estupidez humana. Es la bolsita de farmacia, esa miniminiminúscula, que te dan cuando compraste un paquete de pastillas con su caja o dos caramelos. Una bolsa que ni siquiera se puede tomar por sus asas, que sólo sirve como envoltorio de lo ya envuelto. La bolsita termina, con su contenido, en nuestro bolsillo o en nuestra mano. Un desperdicio de materiales, energía, recursos naturales y tiempo. Amigo, amiga, enemigo, enemiga: no la aceptes. El pulgar oponible es tu amigo.
NO A LA BOLSITA DE FARMACIA. ¡PULGARES DEL MUNDO UNÍOS!
Es tu amigo contra la proliferación de bolsas. Dale las gracias.

Foto: Suarez Leandro via photo pin cc


















Pará, pará ¿de verdad estás leyendo esto? ¿Que querés, que te hable de las bolsas de papel con manijita de ídem, que se rompen solas? ¿De las que envuelven cada componente cuando compras un aparato? Masoquista... mejor escuchate esto:

* Sí, "en algún momento", que para cosas serias están los historiadores. Lo mío es la sarasa. Basta, en serio, ya terminé.

5 de mayo de 2012

De pensamientos, acciones y otras flores del prado


Jacinto cita a la bella, la reflexiva Ludmila en un rincón del prado. Toma una de las manos de Ludmila, la izquierda, pequeña como una alondra, y pregunta:

-Ludmila ¿te casarías conmigo?

Entonces, algo maravilloso sucede: Ludmila piensa. En su cerebro, a una velocidad pasmosa, se suceden cientos de escenarios posibles. Lujuria, codicia, cautela, desenfreno, sensatez y sentimientos presentan sus cartas una a una. Ludmila debe contestar.

Puede que, por ejemplo, diga "sí". Más tarde, volverá a su casa y su madre le dirá "¿Cómo vas a casarte con ese pobretón?". Y Ludmila explicará que Jacinto es pobre pero talentoso, y que confía en que prosperará. O que es pobre pero amoroso, y la cuidará.

También puede ser que Ludmila niegue su mano (la izquierda, pequeña como una alondra). Ya en su casa, su madre le dirá "¿Pero cómo te negaste a ese buen muchacho?" Y Ludmila responderá que no está segura de sentir amor; o que está enamorada pero el amor no lo es todo. O que es amoroso, pero pobre, y no podrá cuidarla.

Todo esto pasa en el cerebro de Ludmila. Al final, dirá que sí, o que no. Sus razones serán varias, y quedarán ocultas detrás del monosílabo. Pero estarán ahí. Que un acto sea simple no significa que sus motivos no sean complejos.

Ahora bien, hay una opción que no tiene lugar en la cabeza de Ludmila. Es esta: frente a la pregunta de Jacinto, Ludmila grita "¡Lalalalalá! ¡Arransansan, arransansan, guli guli guli guli ransansán!" y sale corriendo por los prados, sin contestar.

Esta opción no pasa por la cabeza de Ludmila porque, dijimos, Ludmila piensa. Y sabe que, de hacer eso, Jacinto no le hablará más, su madre no le abrirá la puerta y nadie le pediría jamás ni la hora. Responder sí o no es un acto concreto, con su justificación compleja detrás de su aparente, traicionera sencillez. No responder, en cambio y en este caso, es un no-acto, una no-respuesta, una falta de respeto, una cobardía y (acompañado de correr por los prados) una soberana mentecatez.

Eso nomás. ¿O es que no puedo, alguna vez, hablar de política?


13 de abril de 2012

La cosa más asombrosa

Esto lleva un ratito dando vueltas por la red, primero como texto y luego como video. Se trata de la respuesda del astrofísico Neil DeGrasse Tyson, un divulgador norteamericano, frente a la pregunta "¿Puede compartir con nosotros cuál es el hecho más asombroso del Universo?".