9 de mayo de 2012

Ranking innecesariamente largo de bolsas aborrecibles

Es sabido que mi preocupación por el ambiente no va acompañada de una militancia abrumadora. Algo de eso, por supus, debería de cambiar; dicho esto como el que dice "y, unos kilitos tendría que bajar", antes de proceder a bajarse unos kilitos de bondiola.

De todas maneras, como contribución a las causas ambientalistas, hoy quiero rendir homenaje a mi objeto detestable antiambiente número 1: la bolsa.

(Producción, esta parte la quiero decir en medio de un campo bajo un olivo, con polera y saco como Carl Sagan)

La posición bípeda le trajo a la especie humana la fantástica ventaja de poder llevar objetos con facilidad. Pero somos como somos, y no tardaríamos en querer llevar mucho más de lo que nuestros brazos nos permitían, si es que no los teníamos ocupados cargando a la cría. Así nació, en algún momento, la bolsa.*
(Gracias producción, vuelvo al estudio)

Foto: jonathanpercy via photo pin cc
La bolsa, cartera, mochila, alforja, etc.es un invento necesario, incluso imprescindible para explicar el desarrollo de la civilización, junto con la bisagra y el cepillo de dientes. Pero como con todo, nos fuimos al carajo. Las bolsas -y los cepillos de dientes, pero no la noble bisagra- medraron como conejos mutantes, hasta invadir todo el universo conocido, en la particular forma de basura. Ideal para tapar caños, engancharse en las ramas, flotar hasta el gran giro del Pacífico, ahogar animales y vaya uno a saber qué mas, la bolsa es la excrecencia número uno de nuestras actividades cotidianas. Su vida útil es de una cortedad lamentable teniendo en cuenta el número de veces que se usan, y cuanto tiempo, comparados con el tiempo que se necesita para elaborar el material y fabricarlas; ni hablar del tiempo geológico de "producción" del petróleo.

Para contribuir entonces con la causa, he aquí un top ranking de bolsas, en orden creciente de odio personal.

  • Bolsa de tela. Noble en su origen textil y en su material reciclable, la bolsa de tela es una rareza que generalmente obtenemos en algun congreso o negocio recien inaugurado. Viene con unas manijas de unos 25-30 cm de extensión, separadas unos 15 cm de un extremo a otro de la manija. Gracias a este singular diseño, la podés llevar en la mano, bamboleante y, si te da la altura, golpeando contra el piso, o en el hombro, incrustada en el sobaco de manera muy incómoda y antihigiénica. Suelen nacer como transportadoras de libros o material mayormente chato, por lo que no resultan muy adecuadas como bolsas de la compra, que es en lo que terminarán. A la segunda vez que compremos papas, quedarán inmundas, pese a lo cual es muy improbable que las lavemos e igualmente improbable que las volvamos a usar. En todo caso, más culpa nuestra que de la bolsa.
  • Bolsa de tela plástica.  Ídem a la anterior pero más fuerte, sus manijas están hechas con correas vinílicas capaces de cortar un jamón crudo y ni hablar de tu hombro. Podrían durarnos años, pero la costura de la citada correa vinílica se descose justo cuando estamos cruzando la calle al volver de la verdulería. Una vez descosida, nos da cosa tirarla de lo buena que es, pero no la coseremos. Terminará junto con sus congéneres de tela en el lavadero o cuarto similar.
  • Bolsa transparente de verdulería. Sí, la transparente sin manija. Esas que se usan para embolsar por un lado las papas y por otro las cebollas, que luego tiraremos sin ceremonia en un cajón común. Esas que separan las frutas unas de otras, con destino idéntico. Esas que son atadas con un nudo que sólo se desarma con la técnica de Alejandro Magno: rompiendo la bolsa. Esas que acaban con cualquier intención ambientalista que hayamos tenido llevando la bolsa de tela. Los supermercados la justifican por el tema de etiquetar tu compra. Pero le pregunto, señor verdulero: ¿para qué, para qué, PARA QUÉ CUERNOS SEPARA TODO EN BOLSAS? Embolsar las papas, sea, pero ¿de qué se contagian las mandarinas si las pongo junto al perejil, eh?
  • Bolsa "bebedero de caballos". Falta una hora para ir al cumpleaños de tu amiga/novia/madre/abuela, y decidís que este año será un cosmético (bah, es el negocio que estaba en la cuadra). Entrás a un lugar todo blanco con estantes de vidrio y prolijos potitos alineados. Te decidís por no hipotecar tu casa en las cremas rejuvenecedoras, esplendecedoras y furfifilifidoras, con extractos de plantas y animales exóticos, y le entregás a la vendedora un pomo de gel transparente que, sospechás, contiene agua con gel y perfumito. Cuando terminás de pagar vas al mostrador y la vendedora te entrega un Objeto. El Objeto es desproporcionadamente grande para lo que compraste. El Objeto tiene papel de seda, o viruta de madera, o ambas cosas, protruyendo generosamente en todas direcciones. El Objeto es, además, liviano, para desconcierto de tu sistema nervioso, que no sabrá qué hacer con él. El Objeto, claro está, es una bolsa. Pero no cualquiera: la bolsa "bebedero de caballos" es de cartulina gruesa, plastificada, y con manijas de tela pasadas por agujeros de la bolsa y anudadas. Es un ejemplo de ingeniería de la rotura: se puede escurrir el nudo por el agujerito, se puede romper la cartulina, se puede doblar perdiendo toda estructura... es genial. Pero esto es común a todas las bolsas de lugar chetongo. Lo que caracteriza a la bolsa "bebedero de caballos" es su forma, más alargada que alta, que la hará absolutamente INÚTIL para cualquier uso práctico, como no sea encajársela a un conocido en el próximo asado, con un taper de ensalada. Los libros se caerán, los objetos pequeños harán trampolín de un lado a otro hasta eyectarse. Ah, pero qué linda que es; no vayamos a tirarla. Diseñadores industriales: la bolsa "bebedero" es una mancha en vuestro honor. Eliminadla.
  • Bolsa de delivery de supermercado. Comparado con ir al supermercado, pedir a domicilio implica menos bolsas. Pero las que sí nos llegan... qué maravilla. Con un formato casi idéntico a la "bebedero", la utilidad de la bolsa de delivery es cubrir el canasto y permitir que los muchachos se vayan tan rápido como puedan de nuestras casas. Y uno se queda con unas bolsas de un tamaño descomunal, que sólo se pueden cerrar atadas de formas exóticas, aptas tal vez, si se juntan suficientes para rellenar un futón. Supermarkets: si utilizaran bolsas de tela tamaño canasto, prometo que las devolvería cada vez. En serio. Por si no se dan cuenta, no quiero ni una sola bolsa más. Dale, Cotarrefour, media pila.
  • La obvia: bolsa de supermercado. Otra ma-ra-vi-lla de la tecnología. Finita finita finiiiiiiiiita como para gastar menos plástico... así que hay que utilizarlas de a dos o tres en cuanto el contenido supera el medio kilo, revirtiendo el ahorro. Por si acaso, toooooodo va tan separado como sea posible... y eso que nada carece de su propio paquete. En el trayecto a casa, las manijas se estiran hasta alcanzar un grosor de hilo dental, ideal para clavarse en tu mano hasta sentir que estás en una remake de Hellraiser. Ok, estoy en falta, puedo ir con changuito, ya lo sé. Consíganme un changuito mellizo para la compra del mes, porfi. De todas formas, esta bolsa es la estrella en cuanto a versatilidad, y resulta bastante útil como bolsa de basura.
  • La bolsa de cortesía. ¿Qué nos pasa a los argentinos porteños? ¿Estamos locos? No podés comprar una golosina sin que te den bolsas, de la misma horrenda calidad que las de supermercado, aunque seguramente no degradables. En serio, no pasa con un chocolatín, pero un paquete de galletitas ya viene con su bolsa. La rechazo una y otra vez, pero más de uno me dice "pero no, es sólo una bolsita" y me la encaja, y yo, de puro pusilánime, acepto. A veces saco mi compra de la bolsa y la dejo en el mostrador, pero tengo la incómoda certeza de que ya pasó a ser basura. Amigo, amiga: just say no. Propóntelo, propónselo. Mostrale que tenés una cartera, mochila, bolsillo o pulgar oponible. 
  •  And the winner is... la bolsita de farmacia. ¡AAAAAAAARRRRRRRRRGGH! ¡Qué odio que me da! Aquí no hay cobardía que valga: indefectiblemente les dejo en el mostrador esta porquería, este adefesio, esta quintaesencia de la estupidez humana. Es la bolsita de farmacia, esa miniminiminúscula, que te dan cuando compraste un paquete de pastillas con su caja o dos caramelos. Una bolsa que ni siquiera se puede tomar por sus asas, que sólo sirve como envoltorio de lo ya envuelto. La bolsita termina, con su contenido, en nuestro bolsillo o en nuestra mano. Un desperdicio de materiales, energía, recursos naturales y tiempo. Amigo, amiga, enemigo, enemiga: no la aceptes. El pulgar oponible es tu amigo.
NO A LA BOLSITA DE FARMACIA. ¡PULGARES DEL MUNDO UNÍOS!
Es tu amigo contra la proliferación de bolsas. Dale las gracias.

Foto: Suarez Leandro via photo pin cc


















Pará, pará ¿de verdad estás leyendo esto? ¿Que querés, que te hable de las bolsas de papel con manijita de ídem, que se rompen solas? ¿De las que envuelven cada componente cuando compras un aparato? Masoquista... mejor escuchate esto:

* Sí, "en algún momento", que para cosas serias están los historiadores. Lo mío es la sarasa. Basta, en serio, ya terminé.

3 comentarios:

  1. Anónimo10:51 p.m.

    Muy buenas tus definiciones, dignas de acompañar a Herbie.

    Para reivindicar al gremio te digo que hay bolsas que levantan el ranking, la de arpillera célebre por las carreras de embolsados, la de red (quien no intentó vanamente pescar con una de ellas?), la del linyera, portando una vida dentro, la de agua caliente (recuerdos de una infancia sin sabañones, cuando existían), la de hielo, eterna compañera de los tres chiflados. Y las virtuales como las bolsas de trabajo (llenas de desempleados) y la de valores (lo de los otros).
    Beso PP

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  2. ¡Brillante! Al fin, la única que se salva es la reciclable, ecológica, amigable y conocidísima BOLSA DE PAPEL. Igualmente, es una pena que la especie humana haya adquirido este hábito destructivo tan "micro", esta patología, que podríamos llamar BOLSISMO: desde la descomunal bolsa de delivery de super conteniendo un miserable envase de acondicionador (siempre me pregunto por qué no embolsarán también las botellas) hasta la caída en desgracia de la "bolsa de las compras". En resumen, estamos en el horno con este tema.

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  3. Gracias por los comentarios, PP y Gus. Por supuesto, no iba a hablar de las bolsas buenas, pero, como addenda: las bolsas de red no etan mal, pueden transportar muchas cosas con menos material. Algunos negocios utilizan bolsas de tamaños aceptables, fuertes y durables.

    Y en cuanto a las bolsas de papel, por supuesto que son una opción más
    "ecologica" por reciclable, pero usadas al ritmo que se usan las plásticas,nos deforestamos medio planeta.

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