25 de julio de 2005

Luz de Gas Especial

(Las) S. S. ataca(n) de nuevo

Mientras miraba, en la privada para la prensa, (vean qué afortunado!) Guerra de los mundos, la última película de Spielberg, además de harto aburrirme, volví a convencerme de que el mentado señor no es más que un bluff (sí, ya sé que tantos no deberían equivocarse y son muchos los seguidores embobados ante cada caramelito que año a año nos despacha, pero Hitler –otro gran director de masas- también gozaba de un gran público). Claro que se hace difícil poner en palabras estos reparos que más bien intentan ser una invectiva y otra prueba cabal del signo de estos tiempos. Algunos críticos que respeto me mostraron una lectura interesante que se atiene al filme sin glosar las tonterías típicas y arriesgando supuestos atendibles, mas continuaron chirriándome las imágenes y las posturas asumidas.

Rumiando estos pensamientos, el azar (¿el azar?) vino a mi encuentro y en mi auxilio. Y está a mano de todos los espectadores, en las pantallas de cine en este preciso momento. Y se llama Tierra de los muertos. Si quedaba alguna duda sobre la patriotera y manipuladora versión spielberiana del relato de Wells, si me hace caso y asoma su hociquito de ratón a los cines que proyectan la peli del genial Romero, ya está todo dicho. Pero igual algo se puede adelantar.

Lo lamento pero la guerra no viene de ninguna invasión extraterrestre (ni siquiera lo salva el “homenaje” al Kubrick de 2001: Odisea en el espacio, para decir que estaban con nosotros hacía tiempo) que sólo permite a los desvalidos humanos huir -con semejante despliegue de fuerza superior tecnológica en el desarrollo armamentístico (porque de inteligencia carecen), dónde huir, se preguntaría cualquiera. Cualquiera que tenga dos dedos de frente, pero no los personajes de nuestro maestro contemporáneo que son menos títeres que infantes que no pasan de sala rosa (misma idea que tiene de nosotros los espectadores)-. Huir a los territorios que gozan (sólo sabe Dios), naturalmente, entonces, de la suerte de quedar exentos de semejantes invasiones virulentas y de tan mal gusto para la vida cotidiana. A la espera de que un virus extermine a tan desagradables Otros. Y bueno, señoras y señores, todo eso no es más que la diversión-evasión que nos proponen como verdad irrefutable. Pero la guerra es interna. Guerra de guerrillas y resultado de la acumulación de riquezas por parte de algunos (pocos) y de rencor e impotencia por parte de otros (muchos). La lucha de clases no ha terminado. ¡Bienvenidos al mundo real! Y en semejante mundo no hay lugar para la estúpidas vueltas al paraíso perdido (American Dream) que no dudamos alguna vez haya existido, claro que para unos elegidos. Elegidos que ahora empiezan a comprender que tanto encierro, tantos espacios hipervigilados, tantas murallas protectoras, alambradas electrificadas, muros de contención, puestos de avanzada militarizados y demás impedimentos para acceder al edén no son más que la mejor trampa mortal jamás creada. La barrera que no les dejará salir con vida ante la inevitable e incontenible marea humana de furia (la “horda” de los muertos vivos que van aprendiendo el uso de los objetos en su provecho como los simios de 2001, ¡vaya coincidencia!. ¿Les suena “apropiarse de los medios de producción”?) que se han sabido conseguir a fuerza de indiferencia, egoísmo y avaricia.

No se elige ser héroe. Pero llegado el caso la elección que tiene importancia es la que impone decidir por lo propio (el Ray/Cruise de Guerra ...) o lo colectivo (el equipo que comanda el Dead Reckoning: Riley, Slack, Charlie, etc en Tierra ...). Y a Ray no lo excusa la salvación de los suyos (esas dicotomías “ y vos que harías en ese caso” son propias de la derecha más recalcitrante que no asume su ideología escudándose en el lugar más común), Riley también ha sufrido y sin embargo ...

Mucho se ha hablado de la ironía que papá Steven nos regala frente al tema del terrorismo. Haga la prueba usted mismo. Sea irónico con un tema urticante, o mejor con uno de esos que conmueven a los mass media (llámese Blumberg, Santiaguito –así con diminutivo y a puro nombre propio como si lo conociéramos de toda la vida). Notará que hace falta mucha sutileza y timing para no caer en el otro lado, caminando por una delgada línea que puede llevarlo a ser malinterpretado y tener que explicarse. Si alguien puede demostrarme que el Sr. Spielberg es el ejemplo de lo sutil le quedaré eternamente agradecido. Dificulto que conozca la existencia del trazo fino (recuerden, por citar sólo algunos ejemplos: la cámara de gas en La lista de Schindler o la segunda parte de A.I y el cuentito de Pinocho, o la completa Salvando al soldado Ryan), intuyo más bien que lo suyo es la brocha gorda. El señor es un estratega del espectáculo y el show no necesita de semejantes recursos. El show requiere la suma ilimitada de espectadores, la literalidad más pura, el golpe de efecto constante que mantenga expectante la atención que es más visual y sentimental que racional. La ironía precisa del manejo de ciertas capacidades que inevitablemente van por otro carril. El show acumula, cuantifica. La ironía, al contrario, no teme perder en la exposición, cualifica.

Un pequeño detallecito más: que los barrios pobres, esos a los que destinan a la masa obrera de trabajadores son los que siempre entregan cuerpos al poder para que ciertas ciudades ricas sobrevivan no es ningún secreto. Creo que hasta Griffith también habló de eso. El tema es develar las conexiones que mantienen aún hoy día esas posibilidades en pie. De eso habla Romero. Y eso calla Spielberg. Y no tienen que acreditar en mis palabras. Sólo vayan al cine. Las imágenes hablan solas. Cuándo el otro sigue siendo Otro, así desconocido, diferente, cosificado, Dios -o quien asuma ese papel en su ausencia- podrá ofrecer alguna nueva enfermedad o castigo divino que mantenga a raya o aniquile para siempre a los molestos. ¿Por qué será que estos muertos vivos, zombies, fantasmales y fantasmáticos, pero humanos en imagen y semejanza nos dan tanto terror? Y no es una pregunta retórica.

1 comentario:

  1. Anónimo4:10 p.m.

    Prometo hacer algún comentario cuando vea la peli. Me parece piola tu comentario, quien quiera que seas. Y tu pregunta final es importante, lástima que nadie haya contestado.
    Silvia.

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